Artículo de Carles Bellver Torlà para Lovecraft Magazine

El primer libro de Jacques Bergier, El retorno de los brujos (Le Matin des Magiciens), subtitulado "Una introducción al realismo fantástico", se publicó en 1960. Lo escribió en colaboración con Louis Pauwels y trataba asuntos entonces bastante "raros" y novedosos: fenómenos parapsicológicos, civilizaciones desaparecidas, la conexión esotérica del nazismo... Pretendía dar comienzo a una nueva y fundamental revolución cultural, al estilo del surrealismo de André Breton y compañía en los años veinte, y levantó una gran expectación. Fue objeto de críticas tanto elogiosas como demoledoras y se vendió más que bien. En 1965 se contaban ya 500.000 ejemplares en francés y otros idiomas europeos (la primera traducción española es de 1962). Antes, en 1961, el éxito de El retorno había llevado a Bergier y sus colaboradores a editar una revista mensual sobre los mismos temas, Planète, de cuyo primer número se sacaron, tras sucesivas reimpresiones, 80.000 ejemplares. Bergier fue un personaje público y notorio en su momento, una presencia habitual en los medios de comunicación. Incluso llegó a ser caricaturizado por Hergé en el álbum de Tintín Vuelo 714 para Sydney en la persona de Ezdanitoff, estrambótico director de la revista "Comète" y contactado e intermediario de los extraterrestres. Poco antes de morir en 1978 tituló su autobiografía Yo no soy una leyenda (Je ne suis pas une légende) y sin embargo hoy casi nadie se acuerda de él, hasta el punto de que es difícil encontrar la mayoría de sus libros incluso en Francia.
Al leer sobre la vida de Jacques Bergier llaman enseguida la atención su precocidad, sus facultades intelectuales y la diversidad de sus actividades e intereses. Nació en 1912 en Odessa, Ucrania, en el seno de una familia judía. En 1920 la guerra civil que siguió a la Revolución de Octubre les obligó a emigrar hasta Krzemieniec, en Polonia. Aunque no fue a la escuela, aprendió francés, inglés y alemán y física y matemáticas por su cuenta en la biblioteca local. Desarrolló una capacidad lectora y una memoria prodigiosas: se dice que podía absorber y retener el contenido de un libro en pocos minutos. Además de la ciencia, le atraían los relatos de ciencia ficción rusos y americanos y los misterios de la Cábala que le enseñaba el rabino. En 1925 la familia Bergier se estableció definitivamente en París. Allí el joven Jacques se matriculó en la escuela primaria y en el Liceo a fin de obtener certificados oficiales y luego en la Sorbona, donde se graduó como ingeniero químico. En 1936 entró a formar parte del equipo de André Helbronner, pionero de la investigación nuclear. Las posibilidades de la energía atómica lo fascinaron y soñó con edificar un imperio industrial basado en el poder del átomo. Por otra parte fue también Helbronner quien le habló por primera vez de la alquimia y le hizo ver que los laboratorios y la química física no tenían por qué ser toda la verdad y la única verdad.
Bergier seguía leyendo ciencia ficción, sobre todo en revistas americanas. En esta época se publicaron dos cartas suyas en Weird Tales, ambas a propósito de H. P. Lovecraft: "De un lector francés" ("From a French Reader") en marzo de 1936 y "De un entusiasta francés" ("From a French Enthusiast"), un sentido homenaje al escritor de Providence tras su muerte, en septiembre de 1937. Más tarde aseguró haber mantenido relación epistolar con Lovecraft durante varios años, pero desgraciadamente no queda constancia de ello.
En 1940 la ocupación alemana convirtió a Bergier en un hombre de acción. La persecución de los judíos lo había concienciado y aproximado a las organizaciones comunistas y anarquistas. Se unió a la resistencia y en virtud de sus conocimientos técnicos se encargó de la fabricación de bombas, emisoras de radio, dispositivos de escucha telefónica y otros. En 1942 plasmó su experiencia en un Manual del perfecto saboteador que se editó en 38 idiomas y se distribuyó desde Londres. Su grupo fue el que descubrió el emplazamiento de la base secreta de pruebas de los tristemente célebres cohetes V2 en Peenemünde, en el Mar Báltico. En noviembre de 1943 Bergier fue detenido por la Gestapo. Lo encerraron y torturaron en el campo de Neue Bremme en primer lugar y después en Mauthausen, pero sobrevivió. Durante su confinamiento creyó descubrir curiosos poderes parapsicológicos: adivinaba de qué tenían hambre sus compañeros y sabía siempre cuándo le seguían. Tras la liberación participó en la caza de criminales de guerra y prestó asesoramiento a los servicios de espionaje y contraespionaje franceses. Todos los países aliados reconocieron su labor y lo condecoraron. En Rusia incluso se le dedicó una película documental.
En 1953 un amigo común puso en contacto a Jacques Bergier con Louis Pauwels, un periodista y escritor de convicciones humanistas y tendencias místicas. Aunque aparentemente no tenían mucho en común, pronto surgió la amistad y de ahí el proyecto de un libro en colaboración. La idea original de Pauwels era escribir sobre la historia y la actualidad de las sociedades secretas, pero Bergier lo convenció para ampliar la tabla de contenidos. Trabajaron juntos durante varios años. El material (libros, datos, casos) lo proporcionaba Bergier y la redacción final correspondía a Pauwels. El resultado fue El retorno de los brujos (Le matin des magiciens), subtitulado "Una introducción al realismo fantástico" y lo publicó Gallimard en 1960. Estos son algunos de los temas que abordaba:
1. La alquimia. Enlazando con una crítica del positivismo y el reduccionismo cientifista heredados del siglo XIX, los autores exponen el procedimiento alquímico como muestra de un saber técnico alternativo pero no forzosamente opuesto a la ciencia moderna.
2. Las civilizaciones desaparecidas. Inspirándose en las recopilaciones de hechos extraños de Charles Hoy Fort (al que califican de "Rabelais cósmico") Bergier y Pauwels consideran la posibilidad de que otras civilizaciones hayan florecido sobre la Tierra y se hayan extinguido antes de nacer la nuestra y enumeran indicios que con el tiempo se han convertido en tópicos: las pirámides egipcias, la Isla de Pascua, las pistas de Nazca, las cartas de Piri Reis, diversos textos hindúes, etc.
3. Nazismo y esoterismo. La tesis de los autores sobre la Alemania nazi es que sólo una transformación radical de la base cultural y moral permite explicar lo inexplicable, el crimen y el desastre absolutos. "En el país de Einstein y de Planck," escriben, "se empieza a profesar una ?física aria'. En el país de Humboldt y de Haeckel, se empieza a hablar de razas. Nosotros pensamos que tales fenómenos no se explican por la inflación económica." Bergier y Pauwels detallan la vinculación de la cúpula nacionalsocialista a cultos esotéricos, así como la creencia en mitologías y cosmogonías aberrantes que en determinado momento se convierten en la ciencia oficial. Las primeras páginas de "El pueblo blanco" de Arthur Machen, donde éste distingue el mal absoluto de las pequeñas, banales maldades castigadas por el código penal, les sirve para ilustrar su posición. Machen, por cierto, estaba afiliado a la Golden Dawn, una sociedad iniciática inspirada en la Rosacruz.
4. La parapsicología. Quizá uno de los pasajes más célebres del libro es el que relata un experimento telepático supuestamente organizado por la Marina de los EE.UU. en 1958: a lo largo de varias sesiones un sujeto a bordo del submarino atómico Nautilus habría intentado adivinar qué cartas sacaba al azar un aparato mecánico situado en una base en tierra firme. El porcentaje de logros habría superado con creces lo estadísticamente "normal".
¿Qué pretendían demostrar Bergier y Pauwels con todo esto? Que la realidad puede ser mucho más compleja de lo que suponemos o imaginamos. Nuestra percepción de los hechos y nuestro juicio acerca de lo verdadero y de lo falso está necesariamente sesgado por todos los estándares, concepciones y teorías establecidos, implícitos en el sentido común. Lo que nos parece falso, anormal o "fantástico" es simplemente lo que no cabe en la manera común de ver las cosas. Mejor apartarlo, olvidarlo: condenarlo, como diría Charles Fort, maestro literario de H. P. Lovecraft. Lo que proponen Bergier y Pauwels es que nos liberemos de prejuicios, de teorías y concepciones caducas y volvamos a mirar directa y valerosamente a los hechos cara a cara, uno a uno, por fantásticos que resulten, antes de decidir con cuáles nos quedamos. "No nos lo creemos todo," escribieron, "pero creemos que todo debe ser examinado."
Lo fantástico sería entonces lo que queda tras el velo de las apariencias del sentido común y el saber oficial. El "realismo fantástico" era para sus promotores una suerte de realismo superior o superrealismo, una síntesis integradora de poesía y ciencia capaz de desvelarnos verdades nuevas e importantes que hasta ahora se ocultaban en las sombras. En las páginas de El retorno se dan cita personajes tan diversos como el biólogo J. B. S. Haldane, el jesuita Theilard de Chardin, Arthur Clarke, Lovecraft, Borges o Meyrinck. Desde este punto de vista se entiende mejor uno de los rasgos más polémicos del estilo de Bergier: su falta de apego a las pruebas e incluso a la literalidad de los hechos. No hay referencias que avalen el experimento del Nautilus, ni que Lovecraft le contara que estuvo en París, con Poe, en sueños. ¿Significa eso que Bergier mentía en ambos casos? No tiene por qué ser así. En cualquier caso son anécdotas perfectas, redondas, reveladoras de cuestiones o aspectos importantes. Casi podríamos decir que si no son ciertas merecerían serlo. ¿Cabe una respuesta más propiamente lovecraftiana que aquella: "With Poe, in a dream"? Desde luego no es fácil explicar que Bergier conociese tan bien a Lovecraft en fecha tan temprana como 1955 si no se habían escrito, cosa por otra parte perfectamente posible. Negarlo tajantemente como hacen algunos sólo porque no se conocen las cartas parece algo mezquino.
Plaza & Janés ha reeditado periódicamente El retorno de los brujos desde 1962. Sin embargo hace tiempo que están agotados otros libros de Pauwels y Bergier o de Bergier en solitario publicados por la misma editorial en los años 70, como Los extraterrestres en la historia o El planeta de las posibilidades imposibles.
Ya hemos mencionado que tras el éxito de El retorno Bergier y Pauwels lanzaron Planète, una revista de periodicidad mensual que duró hasta 1968 (41 números). Planète contó con una versión en castellano, Planeta, obra de la Editorial Sudamericana de Buenos Aires. A veces se encuentran números sueltos en librerías de lance y ferias de ocasión.
Pero, como siempre, es en Internet donde encontraremos más información sobre el tema. Resultan especialmente recomendables los siguientes artículos en francés de Grégory Gutierez:
Jacques Bergier, scribe des miracles et... miracle lui-même!
http://greguti.free.fr/litt/jb1.htm
Le discours du réalisme fantastique : la revue Planète
http://greguti.free.fr/litt/planete.htm
13 de maig de 2001